Amor a la muerte vs Amor a la vida: Necrofilia

El amor a la muerte se interpreta como una patología de la personalidad, que puede estar presente en muchos de nosotros sin que nos percatemos.

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Algunos lo asocian con el sentimiento de atracción hacia los cadáveres, pero va mucho más allá.

Uno de sus principales síntomas es su atracción por todo lo mecánico, lo inerte.

Las personas que padecen este síndrome sientes afición por hablar de enfermedades, asistir a entierros, son esos sujetos que se aglomeran en torno a un accidente para ver si hay muertos, lo disfrutan y comentan con una excitación que no pueden disimular.

Sin embargo un buen número de ellas suelen ser personas frías, esquivas, devotas del orden y la ley.

Aman el poder y la fuerza, como la capacidad de dominar al otro, convirtiéndolo en un instrumento que puede manipular a su antojo, perciben a la persona como una cosa sin voluntad propia.

Es el caso del padre o la madre que bajo el pretexto de su amor asfixian a sus hijos, sometiéndolos a un control que los anula como persona o el amante que esclaviza a su pareja porque la ama tanto que no puede estar sin ella.

Para el necrófilo la humanidad se divide, entre los que dominan y los dominados y de allí su tendencia a adular al fuerte y despreciar al débil.

Su preferencia por vivir de recuerdos y en la seguridad de un mundo totalmente controlado, se debe a que rechaza la libertad y las experiencias que ella conlleva, pues le exigen afrontarlas con una creatividad y espontaneidad de la cual carecen.

Su vínculo con las posesiones, ya sean objetos, personas o recuerdos e ideas es vital.

Si pierde su control, queda indefenso ante la vida y pierde el contacto con el mundo, por eso prefiere sacrificar su vida antes que sus posesiones.

Todo lo que cuestione el orden establecido es una grave amenaza para el.

Una característica que se puede observar a simple vista en este tipo de personas, es que suelen tener la expresión de estar percibiendo un mal olor, seguramente lo han notado.

Son esos individuos que miran a los demás con un no bien disimulado desprecio, bueno, esto mientras no se encuentren con alguien que ostente alguna forma de poder o influencia, entonces, se vuelven obsequiosos y diligentes, pues su valor supremo es la obediencia a la jerarquía.

Es un maravilloso burócrata, pues para él lo más importante es que la maquinaria funcione.

Podría transportar personas a las cámaras de gases como quien transporta carbón, sintiéndose muy satisfecho al día siguiente por un trabajo bien realizado, o eliminar seres humanos como quien realiza un control de plagas, satisfecho del deber cumplido.

El Necrófilo, es aquel personaje, que acatando una orden puede apretar el botón que dispare los misiles del apocalipsis sin parpadear siquiera, con una frialdad de autómata basada en la eficiencia.

Claro está que no se es totalmente necrófilo ni tampoco biófilo, hay rasgos más o menos acentuados de estas tendencias en las personas, pero también en los grupos.

Existen épocas en la historia de la humanidad en la que el amor a la muerte o el amor a la vida han privado.

El Fascismo, es una buena representación del primero, mientras el humanismo lo es del segundo.

No nos descorazonemos, ante la necrofilia está la biofilia y ante el desprecio esta el amor.

Disfrutemos de todo lo bello que nos rodea, la sonrisa de un niño, el volar de un ave, la mirada de la persona amada.

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Autor: Cesar Jaramillo

He pasado la vida tratando de entender de qué se trata el misterio... ¿De dónde venimos, qué somos y adónde vamos? Hoy quiero compartir este maravilloso viaje con todos ustedes.

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